Hermanos de sangre. Stephen E. Ambrose

Un lector de este blog comenta que nunca se recomiendan libros de management, a pesar de la profesión de su autor. No es casualidad. Con la honrosa excepción de Peter Drucker, no soy asiduo a la literatura sobre gobierno y gestión y, desde luego, no he encontrado nada que merezca el título de clásico contemporáneo. Por el contrario, he padecido algunos bodrios cuya lectura era imprescindible si uno quería dirigir según la moda del momento.  

Por otra parte, he sacado bastantes lecciones para el oficio de dirigir de muchas obras de pensamiento y, en particular, de historia. Hermanos de sangre es un magnífico ejemplo. Este libro, en el que se basa la excelente serie de la HBO con idéntico título, narra las peripecias durante la Segunda Guerra Mundial, en el teatro de operaciones europeo, de la Compañía Easy, 506º Regimiento de Infantería de Paracaidistas, 101.ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos. En la inmensa movilización militar de esa guerra, Ambrose, un historiador fino y concienzudo, se fija en esta pequeña unidad porque no era una compañía cualquiera. De hecho, participó en las principales batallas de la reconquista europea sin apenas descansar entre una y otra, tal fue su eficacia.

La técnica narrativa se basa en entrevistas a los protagonistas. Y más allá de otros valores de la narración (es estupenda para entender la psicología del combatiente), la obra puede verse como un manual de liderazgo. Buenos y malos jefes se suceden y se evidencia el efecto que tienen en “los mandados”, sobre su moral y sobre su rendimiento. Narrada con agilidad y precisión, la historia muestra el poder transformador del líder cuando ejerce el mando como servicio.

Nota: 9.  


Un puente sobre el Drina. Ivo Andrić

Este clásico contemporáneo, publicado en 1945, es una novela de novelas, un conjunto de narraciones que abarca cuatro siglos en torno a la ciudad de Visegrad, Bosnia, y su puente sobre el río Drina, construido en el siglo XVI, cruce de caminos y, por tanto, de culturas e imperios. En cada época, el narrador se fija en la vida de algunos personajes para ilustrar las circunstancias del momento (políticas, sociales y económicas) y el modo en que responden a ellas. 

El conjunto de estas narraciones es un magnífico compendio de las lecciones que la historia nos aporta. Esa recreación, admirablemente bien hecha teniendo en cuenta que el viaje dura cuatrocientos años, resalta los particularismos de cada época, las decadencias y caídas de imperios como el turco o el austro-húngaro, con sus grandezas y miserias; y, a la vez, las virtudes y vicios constantes de la naturaleza humana, aquello que hace hombres a los hombres sea cual sea el viento de la historia. Esa es una de las características de los clásicos que puede apreciarse en Un puente sobre el Drina: su agudeza para retratar lo permanente bajo la superficie del espíritu de los tiempos. 

El estilo tiene ese punto de morosidad y cierta tendencia a lo sentencioso que los profanos adjudicamos con mayor o menor justicia a la escritura eslava. Puede hacer la lectura difícil en algunos pasajes, pero en conjunto creo que es una obra accesible, en la que uno puede encontrarse perlas de este calibre y que, por cierto, de alguna manera muestra la moraleja de este libro: “Sin embargo (…) no es posible que desaparezcan para siempre y por completo los grandes hombres, los hombres de buen corazón que por amor de Dios levantan construcciones duraderas, para que la tierra sea más bella y la vida de los hombres más cómoda y mejor. Si ellos desaparecieran, significaría que también el amor de Dios se apagará y se desvanecerá del mundo. Y eso no es posible”.

Nota: 9.

Adenda: Ivo Andrić escribió esta obra maestra en 1945, en Belgrado, ciudad “mártir”, bombardeada primero por el Eje y luego por los Aliados. Waugh publicó su Retorno a Brideshead también en 1945 y la escribió durante un permiso de sus obligaciones militares (era oficial de inteligencia y su misión posterior fue precisamente en los Balcanes). Son dos ejemplos entre muchos de la lucidez que parece dar la vivencia de las guerras.


La encrucijada del roble. Elisabeth Crook


Se comenta con frecuencia el "revival" del género western. Lo hay desde hace décadas en el cine (hace poco tuve ocasión de ver la espléndida Los hermanos Sisters) y en España se están reeditando libros clásicos, como los de Elmore Leonard y Allan Le May -el autor del Centauros del desierto- gracias a la Editorial Valdemar.

La encrucijada del roble responde a casi todas las leyes del western (por cierto, se podría hacer con ella una maravillosa película), pero es sobre todo una excelente novela, más allá del género. Conviene advertirlo para aquellos que no gusten de cabalgadas, grandes horizontes y tipos rápidos desenfundando revólveres. El protagonista es Benjamin Shreeve, un pobre chico que pronto queda huérfano y tiene que sacar adelante una modesta granja y a su extraña hermanastra Samantha, obsesionada con la pantera que mató a su madre. Benjamin se ve envuelto en un asesinato ocurrido en un remoto lugar de Texas tras el fin de la Guerra Civil. La narración consiste en los testimonios escritos que a raíz de ese hecho va remitiendo Benjamin a un juez.

La historia fluye con verosimilitud gracias a la autenticidad de la voz del narrador, Benjamin, que en su sencillez capta lo que pasa a su alrededor (y pasan muchas cosas) con una hondura peculiar. Aparecen personajes diferentes, buenos y malos, todos con un pasado oscuro que determina de algún modo el presente y del que quieren huir, como es propio del género. Y el relato avanza cada vez con más interés y tensión, por la fuerza de unos hechos sorprendentes, contenidos en esos testimonios, largas cartas que resaltan también el valor de la escritura como modo de contar la vida. Como escribe Benjamin al juez, “no deja de ser curioso que un suceso como tuvo lugar en el Julian, en el que no hubo ni bondad ni justicia y que le costó la vida a ocho hombres honrados, me haya brindado a mí, por cómo han dado la vuelta las cosas, libros, y anteojos, y una pluma de acero. Prometo hacer buen uso de todo ello”.

Desde luego, quien hace buen uso de sus dones como narradora es Elisabeth Crook (https://en.wikipedia.org/wiki/Elizabeth_Crook) en esta su primera novela traducida al castellano  y que merece mucho la pena.

Nota: 9.



El señor de las moscas. William Golding


Había intentado leer esta novela en un par de ocasiones y no pude pasar de las primeras páginas. Su prestigio de clásico contemporáneo me ha forzado esta vez a terminarla. Con no poco esfuerzo y sensación de que no me estaba mereciendo la pena.

La trama es bien conocida: unos niños perdidos en una isla tienen que organizarse para sobrevivir. El paraíso inicial de una isla deshabitada sin adultos ni obligaciones se acaba convirtiendo en un infierno donde predomina el egoísmo y el afán de poder hasta ejercer incluso la violencia contra sus semejantes. El mensaje de la novela es evidente: el cimiento de la sociedad, de cualquier sociedad, es la ley del más fuerte porque el hombre es un lobo para el hombre ya desde la infancia.

Mi decepción con la novela no tiene que ver solo con su antropología subyacente -una visión tan pesimista de la naturaleza humana-, sino también con los defectos narrativos. El estilo resulta bastante artificial, pretencioso, sobre todo en las descripciones de la naturaleza, a menudo ampulosas, y en los pensamientos de los protagonistas, en unos términos oscuros y supuestamente profundos, inverosímiles para sus edades. La historia en sí transcurre además con lentitud, de forma un tanto plana.

Al mismo tiempo, hay episodios de la peripecia que mantienen la tensión del lector; y es interesante cómo se construye la relación entre los niños, réplica metafórica de los juegos de poder y las tendencias más bajas de las sociedades adultas: la necesidad de un liderazgo indiscutido, el afán de diversión, la explicación esotérica de lo desconocido... Estos elementos tal vez expliquen el éxito de esta novela, que en conjunto me ha resultado decepcionante.

Nota: 6

El paso siguiente en el baile. Tim Gautreaux

He aquí una muy buena novela, a la que tal vez una más rigurosa tarea de edición podría haberla convertido en obra maestra. ¿Por qué ocurre tantas veces en la literatura contemporánea? Bueno, a mí me lo parece. Tal vez no ocurra o tal vez ha ocurrido siempre. No sé si será el narcisismo de los tiempos o las imposiciones editoriales, pero por mi parte agradecería más valentía para suprimir lo que no es esencial.

Los protagonistas de la historia son un joven matrimonio cajún de un villorrio de Luisiana. O sea, “Deep South” (pero very, very, deep: quien no tenga un mínimo interés por esa cultura, abténgase de esta lectura). Eso sí, con un ingrediente esencial diferente de otros territorios sureños: la influencia de las raíces francesas y, particularmente, del catolicismo. 

Paul y Colette tienen caracteres muy distintos y acaban por separarse. Colette, tozuda y un tanto veleta, se va a California, para huir de lo que considera un ambiente miserablemente pueblerino. Consigue el éxito profesional, pero no la felicidad. Es un tanto tópico el contraste entre la despiadada ciudad y la bonhomía de las gentes de pueblo (falta sutileza en estas páginas). 

Paul, impulsivo y simplón, pero bueno, experimenta un cierto proceso de maduración guiado por su afán de recuperar a Colette, lo que le lleva incluso a asentarse en California.

Para no desvelar más, digamos que ambos vuelven al terruño y que la historia se centra en el modo en que van recuperando su relación, avivando un vínculo que por lo demás ambos consideraban permanente. Su catolicismo les hace ver con naturalidad, como se acepta la propia estatura o el color de ojos, que ellos no podían separar lo que Dios había unido. En ese camino, cobra gran importancia el medio, la cultura cajún de su pueblo, marcada por una fe que podríamos llamar preconciliar. No en el sentido de ser tradicionalista o reaccionaria, sino pura y sencilla, previa a tantas dudas y temores propios del cristianismo occidental de los últimos tiempos. Una fe hecha cultura, que se funde con la vida cotidiana -nada fácil, por cierto, en aquellos páramos-, y proporciona unos lazos que construyen un sentido de comunidad tan fuerte como la religión que la sustenta.

La gran riqueza de esta novela son sus personajes, atractivos en su contraste entre una aparente simpleza y su magnanimidad de fondo: sanchos panzas con alma de quijotes. El egoísmo es el imperdonable pecado contra el Espíritu Santo en ese pueblo. Y así se teje una historia de lealtades y búsqueda de la felicidad. Una hermosa historia sobre la importancia de las raíces familiares y culturales, por donde fluye la savia que nutre el amor. 

Nota: 8.

Contra el positivismo, libros para fortalecer la esperanza


Me suena frívola la insistencia en que ahora tenemos todos más tiempo libre. El trabajo profesional se ha incrementado para muchos. Y las tareas domésticas. Y la atención a los hijos o a los padres. Por no hablar de quienes tienen familiares en aislamiento en sus casas, a los que hay que preparar comidas y atenderles lo mejor posible.

También cansa eso que se llama “positivismo”, placebo contra el miedo al sufrimiento. La propaganda nos quiere hacer creer que todo saldrá bien. La realidad es que no lo sabemos. Es la incertidumbre de nuestra condición de criaturas, que se convierte en insoportable cuando no se reconoce que la historia tiene un Señor.

Sea como fuere y con perdón por el simplismo de la reflexión anterior, parecen buenos tiempos para lecturas provechosas. Hay quien elegirá el libro como un sedante y optará por literatura evasiva. Por mi parte, prefiero que la lectura sea una ayuda para fortalecer el espíritu. En esa línea, aquí van unas recomendaciones de obras de no ficción, dentro del periodo que cubre este blog (yendo más atrás uno puede recurrir a joyas tan ad hoc como El diálogo de la fortaleza contra la tribulación, de Santo Tomás Moro o sus mismas cartas desde la Torre). Cuatro son bastante conocidas y una muy poco -por eso hago un pequeño comentario-, con un denominador común: son historias de personas que afrontan con esperanza enormes adversidades.

Cisnes salvajes, Jung Chang

Tempestades de acero, Ernst Jünger

El infierno de los jemeres rojos, Denise Affonço

Sur, Sir Ernest Henry Shackleton

To raise the fallen, Fr Willlie Doyle, S.J. 
Doyle (https://fatherdoyle.com/) fue un sacerdote irlandés, capellán militar durante del Primera Guerra Mundial, que murió en acto de servicio en Passchendaele el 16 de agosto de 1917 (pongo su dies natalis con la esperanza de que su causa de beatificación avance). La obra es una recopilación de sus cartas desde el frente y de diversos escritos espirituales. Deja huella.

Agustín de Hipona. Peter Brown


Tras diversas recomendaciones, me atreví con esta biografía de San Agustín, considerada como “de referencia”, cuya primera edición es de 1967 y la última, ampliada, de 2000. Peter Brown es un historiador prestigioso, profesor entre otras universidades de Oxford, ya emérito.

Lectura un tanto ardua porque es una biografía intelectual. Los acontecimientos vitales no son del todo los protagonistas de la obra, sino más bien el marco de esta historia de las ideas de San Agustín, de sus orígenes, influencias y desarrollo. En un periodo histórico, finales del siglo IV y principios del V, mucho más complejo de lo que a este profano le parecía: decadencia del Imperio, herejías, una Iglesia que no termina de asentarse… un cambio de época.

Se entiende el éxito de la obra por este enfoque digamos filosófico, pues Agustín de Hipona es, claro, un gran pensador. Pero a mí me interesa más el santo, de ahí que hubiera preferido más atención a lo puramente factual. También hay en la aproximación de Brown a una personalidad extraordinaria más interpretación psicológica de los hechos de lo que tal vez sería razonable. En ese sentido, es una semblanza perspicaz, pero, en ocasiones, falta de fundamento: algunas deducciones no parecen sostenerse en fuente alguna.

Una obra más para interesados en la filosofía agustiniana que en la biografía de un padre de la Iglesia. Cuestión de expectativas personales -el libro es, sin duda, el trabajo de un gran investigador-, en mi caso, defraudadas.

Nota: 6.